Arrecife entra en el debate de la vivienda tensionada mientras el Cabildo estudia nuevas medidas para frenar los precios
Arrecife, la capital de Lanzarote, concentra desde hace tiempo una parte importante de la demanda de vivienda de toda la isla, al ser el principal núcleo de población y de empleo no directamente turístico. Según los portales inmobiliarios, el precio del alquiler en barrios como Titerroy o el entorno del Charco de San Ginés ha subido de forma sostenida en los últimos años, un ritmo que colectivos vecinales y técnicos municipales relacionan con los criterios que la normativa estatal utiliza para declarar una zona de mercado residencial tensionado.
Una capital que recibe la presión de toda la isla
Fuentes municipales explican que buena parte de quienes no pueden pagar los alquileres de las zonas turísticas de la costa terminan buscando vivienda en Arrecife, lo que traslada la tensión del litoral a la capital. A esa demanda se suma la de trabajadores públicos, sanitarios y docentes destinados en la isla, que según fuentes del sector inmobiliario compiten por un parque de vivienda en alquiler que no ha crecido al mismo ritmo que la población.
El Cabildo estudia su margen de actuación
El Cabildo de Lanzarote, que coordina buena parte de las políticas de vivienda y ordenación territorial de la isla, ha reconocido que estudia, junto con el Ayuntamiento de Arrecife y el Gobierno de Canarias, posibles medidas para intervenir en el mercado de alquiler, desde bolsas de vivienda a precio asequible hasta incentivos fiscales para propietarios que alquilen a precios moderados. Fuentes institucionales insisten en que cualquier declaración formal de zona tensionada exigiría antes un diagnóstico detallado, barrio por barrio, de los precios y de la renta media de los hogares.
Los colectivos vecinales piden actuar ya
Asociaciones vecinales de Arrecife llevan meses reclamando que se acelere ese diagnóstico, ante el temor de que familias con ingresos medios y bajos terminen desplazadas de la capital hacia municipios más alejados, con el consiguiente aumento de los desplazamientos diarios en una isla donde el transporte público sigue siendo limitado.



