Las casas abandonadas de Lajedo, cicatriz visible de la emigración de Flores a Estados Unidos y Canadá
Un pueblo marcado por la partida
Lajedo, parroquia del municipio de Lajes das Flores con apenas 75 habitantes según el último censo, conserva en sus calles varias casas de piedra abandonadas, con tejados hundidos y puertas selladas desde hace generaciones. Fuentes del sector inmobiliario local explican que buena parte de estas viviendas pertenecen a familias que emigraron entre las décadas de 1950 y 1980 hacia comunidades portuguesas de Estados Unidos y Canadá, principalmente en Massachusetts, Rhode Island y Ontario.
Herederos dispersos, decisiones aplazadas
Con los propietarios originales ya fallecidos en muchos casos, la titularidad de estas casas ha pasado a herederos que residen fuera de Portugal y que, según agentes inmobiliarios de la isla, no siempre están de acuerdo entre sí sobre si vender, rehabilitar o simplemente mantener la propiedad familiar cerrada. Esa indefinición explica, apuntan las mismas fuentes, por qué tantas viviendas de Lajedo permanecen años en un limbo legal sin salir al mercado.
El regreso de la diáspora, una oportunidad tímida
En los últimos años, algunos descendientes de emigrantes han empezado a visitar Lajedo buscando reconectar con la casa de sus abuelos, y en ocasiones a plantearse su rehabilitación como segunda residencia, según fuentes del sector inmobiliario. Se trata todavía de casos puntuales, pero que las agencias locales observan con atención como una vía para reactivar, aunque sea lentamente, el parque de vivienda de las parroquias más despobladas.
Un patrón que se repite en toda la isla
La situación de Lajedo no es única: fuentes municipales de Lajes das Flores señalan un patrón similar en otras freguesias pequeñas del municipio, donde la emigración histórica dejó más casas que habitantes. El propio concelho ha perdido población de forma sostenida desde mediados del siglo XX, de acuerdo con series históricas citadas por la administración local.
Entre la memoria y el mercado
Asociaciones culturales de la isla piden inventariar estas casas cerradas y facilitar el contacto entre herederos emigrados y potenciales compradores o rehabilitadores, como fórmula para evitar que sigan derrumbándose. Mientras tanto, fuentes del sector inmobiliario advierten de que cada año que pasa sin intervención encarece la eventual rehabilitación y reduce las opciones de recuperar estas viviendas para uso residencial.



