La falta de vivienda para obreros y camareros dispara los alquileres compartidos en Rabil
Mano de obra de fuera, vivienda insuficiente
Los obreros proceden de otras islas y de Senegal y Guinea-Bisáu, atraídos por mejores salarios.
Habitaciones compartidas, la norma
El alquiler de habitación compartida ronda los 10.000 CVE por persona al mes.
Viviendas prefabricadas como solución de emergencia
Se instalan módulos prefabricados con coste de unos 900.000 CVE por unidad.
Un problema que crece con cada nuevo proyecto
Se denuncian condiciones de hacinamiento en viviendas compartidas.
Trabajadores extranjeros, la mayoría de la mano de obra
Muchos de los obreros de la construcción y camareros que llegan a Rabil proceden de Senegal, Guinea-Bisáu y de otras islas de Cabo Verde, atraídos por salarios superiores a los de sus lugares de origen. Varios de ellos relatan haber tardado semanas en encontrar alojamiento estable al llegar a la isla, recurriendo primero a conocidos o a habitaciones compartidas de forma improvisada. Asociaciones de apoyo a migrantes en Boa Vista señalan que la falta de vivienda es uno de los principales obstáculos para la integración de estos trabajadores. Algunas empresas constructoras han empezado a intermediar directamente en la búsqueda de alojamiento para sus empleados extranjeros.
Habitaciones compartidas, un negocio en sí mismo
Propietarios de viviendas en Rabil han detectado en el alquiler de habitaciones a trabajadores extranjeros una fuente de ingresos estable, alquilando por habitación en lugar de por vivienda completa. Esta práctica ha llevado a que una misma casa aloje en ocasiones a varias familias o grupos de trabajadores no emparentados entre sí. Inspectores municipales reconocen dificultades para controlar las condiciones de habitabilidad en estos alquileres informales. Organizaciones sindicales piden una regulación específica que garantice unos mínimos de calidad en la vivienda destinada a este tipo de trabajador.
Módulos prefabricados, entre la solución y el parche
Algunas empresas constructoras han empezado a instalar módulos prefabricados en terrenos próximos a las obras para alojar directamente a sus trabajadores, evitando así depender del mercado de alquiler de Rabil. Estos módulos ofrecen condiciones básicas pero suficientes según sus promotores, aunque sindicatos consideran que no sustituyen una solución de vivienda más digna a medio plazo. La Câmara Municipal admite que este tipo de alojamiento temporal se ha extendido más rápido de lo previsto, sin un marco normativo claro que lo regule. Algunas voces del sector piden que estos módulos se limiten a soluciones estrictamente transitorias mientras se desarrolla oferta de vivienda permanente.
Hacinamiento, una denuncia recurrente
Organizaciones de defensa de los derechos de los trabajadores migrantes han denunciado en varias ocasiones condiciones de hacinamiento en viviendas de Rabil, con más ocupantes de los que permite el espacio disponible. Algunos trabajadores entrevistados reconocen compartir habitación con varias personas para poder afrontar el coste del alquiler. La Câmara Municipal asegura estar estudiando medidas de inspección más frecuentes, aunque reconoce limitaciones de personal para abarcar todo el parque de vivienda en alquiler. El crecimiento continuo de nuevos proyectos hoteleros en la isla, advierten los expertos, seguirá presionando esta situación si no se aborda con una oferta de vivienda adecuada para los trabajadores.



