Viernes 28 de agosto de 2026 Macaronesia

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La Graciosa

Pedro Barba, el pueblo fantasma de La Graciosa que sobrevive con un puñado de casas de temporada

Euroinmobiliaria® · · 2 min de lectura

Pedro Barba, el pueblo fantasma de La Graciosa que sobrevive con un puñado de casas de temporada
Foto: Wiki05 / Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Al norte de Caleta de Sebo, separado por varios kilómetros de pistas de tierra, se encuentra Pedro Barba, el otro asentamiento de La Graciosa y, según fuentes municipales, el ejemplo más extremo de la despoblación que amenaza a los núcleos menores del archipiélago. Lo que fue un pequeño puerto de pescadores y, después, un coto privado de caza y pesca, es hoy un grupo reducido de viviendas que permanecen cerradas la mayor parte del año.

De coto privado a colonia de veraneo

Pedro Barba perteneció durante décadas a una finca privada vinculada al uso cinegético y pesquero, y solo un número limitado de familias mantiene allí una vivienda, casi siempre como segunda residencia de temporada. Según fuentes vecinales, el núcleo carece de población empadronada estable, y sus casas se abren fundamentalmente en los meses de verano o para estancias puntuales de pesca.

Sin infraestructuras para una vida permanente

A diferencia de Caleta de Sebo, Pedro Barba no cuenta con los servicios mínimos —suministro regular de agua, comercios o conexión marítima diaria— que permitirían plantearse allí una residencia permanente, lo que descarta en la práctica que ese núcleo pueda absorber parte de la presión de vivienda que sufre el pueblo principal de la isla.

Para las administraciones que gestionan La Graciosa, Pedro Barba representa un caso aparte: no es una alternativa habitacional al alcance de las familias graciosceras, sino un enclave casi deshabitado cuyo futuro pasa más por la conservación patrimonial que por cualquier política de vivienda convencional.

Un modelo distinto al de otros núcleos abandonados de Canarias

A diferencia de otros pequeños núcleos rurales del archipiélago que buscan activamente repoblarse mediante incentivos a la vivienda, Pedro Barba no figura entre las prioridades de ninguna administración como destino de nuevos residentes, dada la ausencia total de infraestructuras básicas. Técnicos consultados equiparan su situación a la de otros antiguos cotos privados de las islas, donde el valor patrimonial y paisajístico prevalece sobre cualquier planteamiento de desarrollo residencial.

El uso pesquero que aún perdura

Pese al escaso número de viviendas habitadas, Pedro Barba mantiene cierta actividad ligada a la pesca de temporada, con familias que se desplazan allí durante los meses de mayor actividad. Fuentes vecinales explican que esa actividad estacional es, en la práctica, lo único que evita el abandono total del núcleo, aunque no basta para sostener ningún tipo de mercado inmobiliario.