Funchal encadena máximos históricos de precio mientras Madeira busca frenar la fuga de vivienda hacia el alquiler turístico
El mercado de la vivienda en Madeira vive uno de sus momentos más tensionados, con Funchal como epicentro. Los portales inmobiliarios sitúan el precio medio de la vivienda usada en la capital en torno a los 3.000 euros por metro cuadrado en las zonas más céntricas, con subidas interanuales que rondan el 10%, en un contexto de oferta limitada y demanda creciente tanto de compradores extranjeros como del turismo residencial.
El peso del alquiler vacacional
Fuentes del sector señalan que una parte significativa del parque de viviendas del centro histórico de Funchal se ha reconvertido en alojamiento turístico de corta estancia, atraído por la rentabilidad que ofrece frente al alquiler tradicional. Esa reconversión reduce la oferta disponible para residentes y presiona al alza los precios de compra, ya que buena parte de las operaciones se orientan directamente a explotación turística.
Compradores extranjeros, motor de la demanda
Según los portales inmobiliarios, compradores de Reino Unido, Alemania y países escandinavos concentran una parte creciente de las compraventas en Funchal y en el litoral sur de la isla, atraídos por el clima, la conectividad aérea y la reputación de Madeira como destino de retiro y teletrabajo. Esa demanda internacional convive con un mercado local que, según fuentes del sector, ve cada vez más difícil el acceso a la compra de una primera vivienda.
Suelo escaso y orografía complicada
La orografía volcánica de la isla limita severamente el suelo urbanizable: el crecimiento se concentra en las franjas costeras y en los valles, mientras el interior montañoso queda prácticamente excluido del desarrollo residencial. Los promotores locales advierten de que la obra nueva no puede crecer al ritmo de la demanda, lo que mantiene la presión sobre el parque existente.
Medidas en estudio
El Gobierno Regional de Madeira y la Cámara Municipal do Funchal estudian fórmulas para incentivar el alquiler residencial de larga duración, incluida la posible limitación de nuevas licencias de alojamiento local en determinadas zonas del centro histórico. Fuentes municipales reconocen que el reto es compatibilizar el peso del turismo en la economía insular con la necesidad de que los madeirenses puedan seguir viviendo en su propia capital.



